Las vivencias de la época actual en el campo económico y empresarial presentan una clara tendencia hacia la libre iniciativa privada, impulsada por la diversificación y evolución de nuestras estructuras a través de una descentralización económica que delega en las diferentes organizaciones una serie de responsabilidades tanto económicas como sociales. Surge de ésta tendencia la concepción de la empresa como un ente socioeconómico, que por la misma naturaleza de su conformación y funcionamiento a través de un conjunto de seres humanos en interacción constante en el ámbito interno y con entidades externas, da lugar a la reafirmación de la importancia del rol que debe desempeñar la empresa como facilitador no sólo de la ejecución de una función económica sino también de funciones sociales